-Podríamos ir a pasear a la otra parada del tren, queda unas cuadras más allá.-Dijo entusiasmado
-Si, podríamos pero después de darme un baño.- curiosa por saber que habría allá.
Y allí iluminado en esplendor el baño con cortinas de suaves telas bordeando la tina, con agua tibia y humeante, espectáculo de vahos, y proveniente de una esquina se oía una suave melodía inundaba toda la habitación, el sitarin dando al viento su ofrenda. Me metí en la tina llena de pétalos de rosa y suaves aceites, el aroma era tan relajante, y el sitarin no cesaba, tu impávido mirabas a tu alrededor el escenario onírico.
Sin pensarlo te metiste a la tina conmigo, y el agua casi a rebalsar goteaba por los bordes, se sentía tierna, caliente. y profundizaste en mi ser, seguro y fuerte, yo siempre tuya, senti que la sangre agolpaba mi cabeza y ahí estabas tu con un beso embriagador, el agua se agitaba como en camara lenta y de pronto sentí un silencio que denotaba sólo nuestras agitadas respiraciones, el sitar había cesado su música y pregunto:
-¿sigo señor, hasta el final?
- si hasta el final, pues ella ya esta embarazada...
Tu expresión segura y decidida promovió el ánimo del sitarín y el continuo tocando, me tomaste fuertemente por las caderas y accediste a mi piel, y me besaste. Luego de tiernos vaivén, te paraste de la tira y cerraste las cortinas, me miraste con tierna expresión y te fuiste, me quedé en la tina casi adormilada y se me acercó el sitarín sin dejar de tocar y me dijo- si quieres puedo enseñarte a tocar esta canción, no es difícil sólo tienes que seguir la melodía, no la olvides. y me indicó que cuerdas y en qué sucesión tocarlas, y me decía - ahora hazlo tu, ves que no es difícil. - no la verdad es que no lo es- decía yo muy segura,- gracias. Y entonces el sitarín me miró y volvió a la esquina junto a sus cojines, incienso y sol. Yo tomé la bata me envolví en ella y caminé al balcón. miré ciegamente al cielo y no había nubes, sólo un azul tornasol un cielo brillante. Miré por sobre mi hombro y venía tú caminando hacia mi, desnudo, me abrazaste fuertemente por la espalda y nos quedamos allí contemplando, los soles, los astros, esas maravillas moradas y azules. y Entonces...
Sonó el teléfono... y eras tu...


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