8 de septiembre de 2008

El Infierno en los deseos




Bramaba en mis oidos la furia de tu aliento, bramaba el instinto salvaje de tu cuerpo sentí como poco a poco ese instante se transformó en un sutil encuentro no bastaba con estar escondidos de todos sino que estábamos descaradamente en frente de sus narices y no podían ver.

Quise gritar muchas veces, quise desahogarme y gritar... pero no pude, y me ahogaba, estaba sentada cómodamente, sentí tu cuerpo, tus labios, tus manos y tu piel... instantáneamente eras mío, desvergonzadamente estabas en mi deseo, tu sabias lo mal que hacías, pero seguías, intentos absurdos concientes dejaban a descubierto que la inconciencia tentadora no podía por la razón veías el error, sentías quemar el cuerpo, pero querías más. Momento único, peligroso, salvaje, lleno de ego, lleno de pasión, atrevido y cotidiano amor, inalcanzable, insaciable, deseos y fantasías. Sin dar paso a los fracasos y las frustraciones, eres mío ahora y siempre, das el cuerpo, el alma en mis brazos, comentario pasivo... Soy tu peregrina pasiva, espero y recuerdo, las miradas y los encantos inocentes, es que es tan evidente, o una obsesión inútil.

Dame ahora, y ven acércate... anoche soñé otra vez lo mismo, es que es una señal o un deseo... o ambas... Enfrascado en gotas carmín deseos llenos de pasión, ¿es que no acabarán jamás? suelta ese momento y compleméntalo con el curso de las horas, mírame entrar en aquel lugar, sí, modesto y sublime lugar en tus sueños, dame una gota de ellos un espacio dentro de aquella guarida obscura, te amo y lo sabes, no eres modesto y humilde, disfrutas sabiendo lo evidente, disfrutas y sonríes, con esa risa cautivadora, sí hombre galán, el capitán de mi barca lujuriosa.

Cuánto falta para desembarcar en las orillas de tu corazón, cuán profundo es el mar de la distancia que ni acercarnos es completamente placentero, más bien resulta agónico pensar en llegar a puerto, es más grato incluso mecernos en las olas del infierno y desearnos desde lejos, qué pasara cuando nos encontremos, qué sucederá con los acumulados besos, y cuánto desenfreno esconderán tus manos grandes osadas y cubiertas de calor, no hay más preguntas desesperanzadas sólo un incansable deseo de recorrerte más allá de lo evidente.

“Un tormentoso, agónico resplandor en tus ojos, me miras encandilando la inocencia de mis pensamientos te amo ¿lo sabes? es irónico, incluso cuando digo que no es así".

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